
Tras abandonar Italia (y no con pocas ganas, debido al horrible tráfico y su "especial"manera de conducir), sin menospreciar algunas curiosidades y monumentos por el camino...
Conseguí atravesar la frontera con Slovenia. Os podeis imaginar la sensación de alegría al llegar al país de destino y pasar bajo el letrero... pues nada, palmadita al depósito y palante...

Conseguí atravesar la frontera con Slovenia. Os podeis imaginar la sensación de alegría al llegar al país de destino y pasar bajo el letrero... pues nada, palmadita al depósito y palante...No puedo continuar la narración sin contaros la anécdota del día.
Nada mas cruzar la frontera, es de obligado cumplimiento para los turistas como yo, el adquirir en un area de servicio o comandancia fronteriza el adhesivo o "Vignette", que no deja de ser un impuesto por circular por sus carreteras, pero que te permite cruzar todas las autopistas durante el período de validez de la misma. Al principio parece ser un abuso, pero de verdad que nada mas utilizarla te das cuenta de que es un avance que debería de aplicarse en mas de un país...
Así lo hice, nada mas cruzar el puesto fronterizo me apeé en el area de servicio y aparqué la moto para adquirir mi Vignette. La primera impresión es el cambio radical del idioma, ya que en francés, o incluso en italiano es fácil entenderse, pero en Sloveno.... como que no. Tras aclararme con el dependiente, que pretendía venderme una de un mes, cuando existen de una semana, me dirigí al exterior para continuar el viaje, cosa que pasó a segundo plano cuando observé a siete u ocho tipos de dudoso aspecto alrededor de la moto, y un pequeñín muy gracioso, de pié sobre mi asiento, así como bailando mientras los otros lo observaban y su supuesto padre lo sujetaba. Hay que pensar que la moto se encontraba con todos sus bártulos, navegador, mochilas, etc. muy a mano, y realmente fué en lo primero que pensé.
La manera de actuar está clara en estos casos, ya me lo habían advertido, pocas palabras y diréctamente a los hechos. Así que me acerqué a mi moto, me abrí paso entre aquellos señores, cogí con sumo cuidado al niño y lo bajé del asiento, el cual ni siquiera limpié, y tras subirme, arranqué y me fuí de allí sin ni siquiera comentarles que día hacía.
Realmente pensaba que no había ocurrido nada extraño, y así había sido, tan solo se sentían atraídos y como curiosos se acercaron a observar mi pequeño circo... todo esto pasaba por mi cabeza cuando, unos 500 metros tras el área de servicio, control policial.
Hay que decir que la presencia de estos policías es bastante intimidatoria, sobre todo por que estás en un país desconocido, de idioma incomprensible, y en el que te han dicho que muchas cosas funcionan con el "bajo mano...", cuando te medio-levantan el brazo no sabes si es un saludo, un estiramiento o un "alto", y por esta opción es por la que me decido... mas que nada por los juguetitos que tenían en sus manos...No acabé de entender el por qué de su mala leche ni su manera de expresarse, que narices, no entendía nada de lo que me decían, ni como, ni por qué, tan solo que después de unos minutos de tensión, se referían a que no circulaba con la famosa "vignette" pegada en mi cúpula, lo cual no hice por la situación que me había encontrado al salir al exterior tras comprarla, pero bueno, como para explicárselo...
Pedí disculpas tipo "chinos", con la mano en el pecho y la pegué en su sitio, no sin equivocarme de lado, pedir de nuevo disculpas y pegarla a la derecha, acordaos, a la derecha.

Las primeras vistas de Izola, preciosa ciudad Slovena en la que disfrutan de un maravilloso puerto en el que tuvimos la suerte de cenar y pasear...

Y por fin, el encuentro con mis compañeros de medio-viaje. Se acabó la etapa en solitario y comenzaba la compañía con, de izda a dcha, Miguel "El Pacífico", Guillermo "Viejo Topo", Salva "Montero" y un servidor. (El de detrás es un chupa cámara que pasó por allí a propósito, buscando su momento de gloria...)


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